Los Socios — Oscuros — De Trump

Los Socios — Oscuros — De Trump

01:14 18.05.2017
Un nuevo escándalo se cierne sobre el presidente de Estados Unidos, quien ya tiene que lidiar con el Rusiagate. Desde hace un par de años la empresa Bayrock está bajo la lupa de la fiscalía del estado de Nueva York; la investiga por un fraude fiscal de grandes proporciones. Y esa compañía –propiedad de dos conocidos mafiosos, uno ruso, otro kazajo– hizo negocios con Donald Trump, quien conocía perfectamente la historia de sus socios pero aun así aceptó su dinero, aparentemente para evitar una quiebra.
Marco Appel

BRUSELAS.- A pesar de que lo ha negado con vehemencia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha tenido relaciones de negocios con oscuros personajes vinculados con las mafias de Rusia y de otros países exsoviéticos.

Así lo expusieron los periodistas Sander Rietveld y Annette Schatzle en el reportaje “Los sospechosos amigos de Donald Trump”, transmitido en dos partes los pasados miércoles 3 y 10 en el programa de investigación periodística Zembla, del canal holandés Vara.

Los reporteros tuvieron acceso a correos electrónicos internos de las compañías implicadas y a los testimonios directos de, entre otros, el exagente de inteligencia Malcom Nance; del biógrafo crítico de Trump, Michael D’Antonio, y sobre todo de Fred Oberlander, el fiscal del estado de Nueva York que encabeza desde 2015 una investigación por fraude fiscal a gran escala contra la firma asociada a Trump, Bayrock, que comenzó con la demanda de un exempleado de esa compañía.

Se trata de un caso que en teoría podría poner tras las rejas al presidente estadunidense.

“Cualquiera que maneja un negocio bajo un patrón criminal”, asevera Oberlander en el reportaje, “es culpable de asociación delictiva. Cualquiera que tuviera conocimiento de lo que ellos (Bayrock) estaban haciendo y los ayudara, sería culpable de conspiración para cometer crimen organizado. Todos irían a la cárcel”.

La difusión del reportaje coincide con las investigaciones en Estados Unidos del llamado Rusiagate, que se centran en la presunta injerencia de Moscú en las elecciones presidenciales que ganó Trump y en la eventual colusión de su comité de campaña en ello.

De hecho uno de los más recientes capítulos del escándalo versa sobre los supuestos intentos de Trump para frenar la investigación que sobre este asunto llevaba a cabo el director del FBI, James Comey, a quien sorpresivamente despidió el miércoles 10 y a quien incluso amenazó dos

días después: “A James Comey más le vale que no haya cintas de nuestras conversaciones, antes de que él empiece a filtrar a la prensa”, tuiteó Trump el viernes 12.

La investigación de Rietveld y Schatzle no tiene desperdicio. La historia central se desarrolla como sigue:

En 2005 Trump y el grupo internacional Bayrock LLT acordaron construir, entre muchos otros proyectos inmobiliarios, un hotel de condominios de lujo en Nueva York: el Trump SoHo. El empresario poseía 18% y tenía la responsabilidad legal del proyecto, al haberlo inscrito bajo las leyes mercantiles de Estados Unidos.

Bayrock era propiedad de Tevfik Arif y Felix Sater.

El primero es un magnate de Kazajistán, propietario de una cadena de hoteles. Hizo fortuna con los yacimientos mineros de cromo y en 2001 fundó Bayrock.

En junio de 2010 Arif fue arrestado en Turquía por tráfico de personas. Su socio –también kazajo– Alexander Mashkevich le había pedido organizar en su yate unafiesta con nueve modelos/prostitutas rusas para cerrar unos negocios con inversionistas extranjeros.

Mashkevich también es un millonario de la industria minera y líder de la comunidad judía en su país. Ha sido acusado de corrupción y lavado de dinero.

 

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